domingo, 7 de septiembre de 2014

IDA, de Pawel Pawlikowski


Polonia, 2013

La calma y la experiencia otorgan al alma humana una expresión segura y determinante, profunda y serena.

Pawlikowski nos enseña la vida y camino de Ida, una joven novicia que descubrirá, justamente antes de tomar sus votos, su verdadero origen. Sus circunstancias se verán modificadas drásticamente y podrá, ahora sí, elegir el camino a vivir. Y tal vez para ello sea fundamental la contraposición de lo otro, de su antagónica tía, personaje que le hará sondear la posibilidad alejada de mano del dogma.


Sustantivación del peso. Voluntad de muestra sin titubeos. Sinceridad en el retrato.


Esta cinta es una perla dentro de la comtemporaneidad vaga en valores. Ida es un conjunto de tránsito al más puro estilo italiano de los 50. Lo clásico adquiere un talante romántico sin ahondar en ornamentos cursis y puramente superficiales.


Hay una belleza tras la destrucción del viejo continente, y el director polaco pretende asomar y respirar ante tanta sombra. La guerra y la ignominia quedaron atrás y la reconstrucción moral será larga, pero se atisba un sentimiento de culpa común en todo bando. La superación será conjunta y el misticismo propio del interés religioso ayudará en el plano de reconciliación. Serán los hijos de aquellos alienados los que llorarán los desmanes de otra generación, pero ese duelo ha de atravesarnos a todos sin discriminación.


Aparece la hostilidad frente a judíos (vecinos), la decisión firme del verdugo de tales atrocidades (su tía), la pérdida de rumbo frente al ritmo establecido (músico) y, sorprendentemente, la ingenuidad como renacer y exculpar. Sosegado, uno se sume en una historia que no le viene de tan lejos y siente al personaje como propio. No se enfrenta a él, sino que entiende su posición, por muy confusa que parezca.

De gusto exquisito, la fotografía mira muy arriba, encuadrando el peso con el que el tiempo nos encuadra en este presente. El blanco y negro otorga la necesaria perspectiva y la nitidez de muchas texturas aflora para desvelar nuestra sensibilidad. Frío, blanco, tierra y piel.

Recomendadísima película para amantes del cine sin pretensión comercial. Para aquellos que disfruten de hora y media de discurso agradable, crítico y bello. No desperdicien la oportunidad de encontrar un director clásico en la postmodernidad reinante.





Valoración: 7,9