viernes, 29 de agosto de 2014

AMORES ASESINOS (Kill your darlings), de John Krokidas


Estados Unidos, 2013

Radcliffe vuelve a firmar una interpretación mediocre sin grandes brillos, aunque esta vez le asignan un personaje con matices muy interesantes y aristas suficientes para haber exprimido su profesión al máximo.

Es Dane Dehaan el que nos sorprende en un turbio y desmesurado Lucien Carr. Su carácter llena los minutos y las acciones se violentan contra el espectador sin dejar espacio ni tiempo para la oportunidad de otros. Ni la presencia de Jack Kerouac o William Borroughs eclipsan la energía con la que este joven nos atrapa. Es preferible culpar al guión de ello, pero el interesante papel de ambos (Kerouac y Borroughs) en la relación artística que se nos describe queda muy solapada y apenas descubrimos sus pasiones, pulsiones y quebrantos. Pero la queja vendrá más adelante.

La película subraya la llegada de Allen Ginsberg a la Universidad de Columbia durante los años 40. Su vocación artística y su miedo le acercan y abocan a la cercanía de Carr, cuya locura y desmedido intento de originalidad llevará a todos a un final trágico. El tema que se trata es la creación de obras completamente rompedoras, la imperiosa necesidad de generar un nuevo arte. Y no se equivoca el director al mostrar los desvaríos de aquellos jóvenes, pero todo suena a ornamento de postín y cae en saco roto. El postureo del que hoy hacemos gala nace en una época que se inaugura con su gran movimiento "Beat", calificado más tarde como "Beatnik" para tratar de ridiculizarlo. Y con esa intención, tanto Krokidas como Bunn (guión) se chocan de plano contra el formato tan tradicional de este largometraje.

Habría mucho que contar, como la tortuosa vida de Kerouac junto a su chica, su viaje (que más tarde resumirán en 2 segundos y que dio lugar a la mayor obra de esta generación, "En el camino"), las razones por las que Burroughs perseguía a Carr, la expresividad de Ginsberg frente a la homosexualidad y la vida como urbanita... Una pena que se dejen en el tintero todas estas ideas.

Para los que no conocen a los artífices de esa generación Beat, germinantes del movimiento hippie y demás giro psicodélico, es una carta de presentación algo atractiva pero insulsa. Servirá de etiqueta y poco más, tal vez por la visión que se ofrece, tal vez por la interpretación tan poco agraciada de Radcliffe. Es curioso que hayan dejado el papel protagonista para la cara comercial en una película que sólo interesará a los que se quieran apartar de dicha comercialización. Sin embargo en Kerouac y Burroughs contamos con dos caras de buen reconocimiento dentro de las series de éxito. Y nada, una por aptitud, otras por limitación de guión, el único que resalta es ese rubio (Dehaan), loco y despiadado, profundo y sincero.

Salva la cinta un último minuto de resumen (que posiblemente esperábamos con ansia) y fotos que pertenecen a los personajes reales retratados en el film. Con ello y banda sonora, palomitas que entretienen lo que el asombro no te permitiría.


Otra película que pasará a los archivos de lo gris. Otro título para no recordar que nos duele en parte por no terminar de mostrar lo que tanto significa para los amantes de la literatura, la poesía, la originalidad y la expresividad.


Valoración: 5,5