.

TRAILERS

sábado, 22 de noviembre de 2014

NYMPHOMANIAC, de Lars von Trier


Dinamarca, 2013


Dividida en dos volúmenes a nivel comercial, el asalto sexual de von Trier se despliega con más polémica que problemática. El ansiado debate se promulga desde la certeza y la seguridad del cebo bien preparado.

Nymphomaniac es un drama muy doloroso sobre el perdón, el pecado, la redención y la justificación. En sus cuatro horas (dos películas de dos horas) oímos y presenciamos el relato de Joe, una mujer a quien Seligman ha recogido de la calle con signos de maltrato. Ella nos cuenta cómo ha llegado hasta esa terrible situación de abandono como huésped de un enigmático hombre asexual, aséptico en cuanto al deseo, que atiende y aporta significado a la asombrosa y despiadada historia que alberga en su pasado la joven Joe. Cada parte del relato viene introducida por algún detalle que encuentra en el hogar del sensato Seligman, un hogar cargado de amargura y decadencia sin apenas ornamento en sus paredes. Así como la Torá cuenta al pueblo israelí su patrimonio y ley identitaria, el relato de la vida de Joe (ninfómana) cobra sentido con la analogía histórica que Seligman utiliza para rellenar el espacio que la falta de sentido religioso ha dejado en esta contemporaneidad. Aparentemente accidental, todo detalle surge como explicación y piedra de toque que fundamenta el increíble cuento que Joe desvela.



La división en capítulos, la simbología mística y la proyección de personajes en las acciones hacen de Nymphomaniac un mecanismo milimétricamente ajustado que confirma la excelsa nube de conocimiento que rodea al director danés. Una vez más, con su película reconoce su afán por la polémica, su inquietud artística y su gusto por el rechazo de muchos. Es una de sus películas menos controvertidas y, sin embargo, ha suscitado prohibiciones y repulsa allá por donde se ha estrenado. He de suponer que esa confrontación se debe al título, a imágenes explícitas de sexo y al trato de un tema desde la máxima franqueza. Pero no impide verla con un placer pocas veces producido en su filmografía. Se inducen algunas situaciones desagradables, pero en su mayoría responde a una justificación de los personajes y el relato antes mencionado. Tampoco es llamativo el uso del sexo como arma, sino como parte de un guión centrado en un tema mayor: la búsqueda del perdón. Joe cuenta su vida como ninfómana y su imposibilidad de satisfacer sus deseos. Lo que conlleva esa dificultad es una vida de giros dramáticos sobre baldosas ya de por sí escurridizas. Casi todo lo que vemos pertenece a un mundo subyacente y escondido a la aceptación social, pero exceptuando un par de escenas, la gran mayoría surgen como posibles y probables momentos de infinita agonía.

Nymphomaniac es una invitación al dolor. Es una muestra de represión que cuesta abordar. No es una banal muestra de imágenes retorcidas ni una víspera de abismo, sino un acierto en la trayectoria de un director que se inclina cada vez más por un guión más poético. Roza la perfección en el discurso. Termina con una inexplicable situación que nos permite afirmar sabiendo que no quedaba otra salida. Y lo más importante: deja un poso que, a pesar de la extravagancia y la perturbación, podremos destapar para reflejar tabúes y totems que cuesta utilizar con el mero uso del lenguaje. En su conjunto, es una buena película que merece mucho más por su primer volumen que por el segundo. No es recomendable para el gran público, aunque sí una aventura para la gran mayoría y, sin lugar a dudas, nos ofrece la capacidad de experimentar algo difuso como la ninfomanía en un plano mucho más transparente que el discurso políticamente correcto. Con interpretaciones acordes y de flagrante sensibilidad, la estructuración gana enteros hasta ser protagonista y no se hace excesivamente larga, algo que parecía inevitable. Gainsbourg, sinceramente brutal. Skarsgard, tenebrosamente lúcido. LaBeouf, sólidamente astuto. Martin, intrigantemente enferma.

Abierto el debate, pasen, vean y comenten. Lars ha vuelto a suscitar polos opuestos.


Valoración: 6,6


jueves, 20 de noviembre de 2014

Divas del cine: BETTE DAVIS






Bette Davis nació en 1908 en la ciudad de Massachusetts, comenzó sus estudios de teatro cuando todavía era una niña y consiguió triunfar en Broadway antes de cumplir la veintena. Sus ademanes teatrales son palpables en sus actuaciones, las cuales, al igual que otros colegas de su época, rallaban en lo exagerado. Sea como fuere, Bette Davis fue una grande. Una polémica actriz conocida por sus matrimonios, peleas con compañeros de reparto y fuerte carácter. Una mujer tradicional que supo plantar cara a la tiranía de las productoras.


Davis llegó a Los Ángeles acompañada por su madre a principio de los años treinta. El chófer no la llevó a su hotel porque no vio a nadie que pareciera una actriz de cine. A pesar del espanto que le provocó Hollywood, consiguió su primer trabajo en la película “Mala hermana”. Después de trabajar en más de veinte films consiguió el favor de crítica y público con “Cautivo del deseo”, su primer papel importante, aunque no protagonista. En ella interpretaba a una mujer manipuladora, vil y con tendencias homicidas. Varios colegas consideraban que su actuación merecía ser premiada con un Oscar, desgraciadamente se quedó en la nominación. Un año más tarde recibió el premio que ya antes merecía. Bette no se lo tomo muy bien y en su discurso comentó que era un premio de consolación.

Durante los años siguientes consiguió su merecido hueco. El problema es que sus personajes eran muy parecidos entre sí, todos ellos seguían la estela de “Cautivo del deseo”. Mujeres desagradables que establecían sus intereses por encima de todos: “peligrosa”, “la mujer marcada” o “la solterona” son un claro ejemplo. Aunque también triunfó con melodramas edulcorados en exceso como “Las hermanas” en la que trabajó junto a Errol Flynn y Anita Louise.

La americana se cansó de estos papeles y partió a Reino Unido a probar suerte. Así mismo emprendió acciones legales en contra de Warner. Sus reclamos no dieron fruto. La joven volvió arruinada pero ansiosa por trabajar. En 1938 trabajó por primera vez con Billy Wilder y consiguió su segundo Oscar por la inolvidable Jezabel. La rebelde aseguró que fue el único director que consiguió dirigirla completamente.


Sin duda el dúo Davis/Wilder es inolvidable. Las tres películas que rodaron juntos resultan imprescindibles para cualquier amante del cine clásico. “La carta”, con su poderosa secuencia inicial y sus puntos de giro, “la loba” o la ya citada “Jezabel”.

Los años cuarenta no fueron tan prolíficos como los anteriores, aunque destacaré “La extraña pasajera” y “El señor Skeffington”. La actriz estaba más centrada en apoyar al ejército estadounidense. Gracias a sus esfuerzos recibió en 1980 la medalla al servicio civil. Desgraciadamente la mujer de los ojos misteriosos estuvo desafortunada a la hora de elegir papeles, rechazó el guion de “La reina de África” alegando que ella no se desplazaría a ese continente. También rechazó otra historia que en principio iba a rodar junto a Crawford asegurando que era una historia de tortilleras.

La soberbia “Eva al desnudo” consiguió que Bette volviera a brillar después de unos desafortunados años. La película es una obra maestra inolvidable. Una joven Monroe aparecía por ahí. Joseph L. Mankiewicz escribió y dirigió esta estupenda historia que trata sobre los celos y el poder.


El trabajo de Bette Davis es tan extenso en la pequeña y gran pantalla que necesitaría el doble de palabras para hablar de todo lo que quiero. Omitiremos sus trabajos en la televisión y nos centraremos en algunos de sus últimos trabajos, que resultan interesantes por ofrecer papeles totalmente diferentes en comparación con los que antes había protagonizado. "¿Qué fue de Baby Jane?" y “Canción de cuna para un cadáver” se encuentran entre mis preferidos debido a su oscura y tétrica ambientación, ambos dirigidos por Robert Aldrich, quien pretendía contar de nuevo con Crawford para la segunda. Ésta se negó debido a los múltiples problemas que tuvo con la actriz en el rodaje de la primera.

Bette Davis murió en 1989 después de haber luchado varios años contra esa terrible enfermedad llamada cáncer. No quiero terminar con una frase tan deprimente, siempre nos quedarán sus apoteósicas actuaciones y la estupenda canción que Kim Darnes dedicó a tan enigmáticos ojos.






viernes, 14 de noviembre de 2014

Crimen e Investigación: Cerca del Mal



Nunca sabes quién va a cometer la mayor locura. Mientras confías en tus amables vecinos o colegas de trabajo, alguno de ellos puede sorprenderte con la mayor atrocidad.

Cinco historias de la mano de Sarah Scazzi, Danilo Restivo, la familia De Nardo, Lea Garofalo y Sergio nos acercarán a trágicas narraciones sobre sucesos increíbles.

Desapariciones, asesinatos, puñaladas y fetichismo. Adolescentes, testigos, y fracasos que nos meten de lleno en investigaciones sobre personajes muy cercanos. Tan cerca del mal nos encontramos que el crimen formará parte de nosotros durante los minutos de duración. Acércate, prepárate y disfruta del mal:



miércoles, 12 de noviembre de 2014

EN LA CASA, de François Ozon

Francia, 2012


"Dans la maison" es una adaptación cinematográfica sobre el texto teatral de Juan Mayorga. Y Juan Mayorga es un genio con la pluma para alimentar situaciones y diálogos con un interés espectacular. Así, Ozon ya tenía media película hecha.

El guión es una adaptación muy apropiada para la cantidad de escenas en diferentes lugares. Además, aprovecha muy bien las intervenciones de los personajes para desarrollar la confusa comicidad entre realidad y ficción. Y es que la única ficción interesante es aquella que, dada su verosimilitud, nos produce la sensación de vértigo por el posible doble sentido. Ni Tolkien, ni Martin ni Ende (exceptuando Momo). Ni James, ni Larsson ni Brown. La narración puede ser ligera, pero sólo será atractiva cuando los intereses del espectador sean acordes a una realidad maleable, no una sucesión de fantásticas tramas sin trascendencia. Mayorga crea unos personajes comunes, no por ello anodinos, que se mueven entre nuestras mismas preocupaciones, se defienden ante los mismos delitos y asimilan a nuestra misma velocidad. Eso sí, son suficientemente inteligentes como para deslumbrarnos y guiarnos en sus acciones. Descubrimos a su paso, junto a ellos, pero con la capacidad sorpresiva de girarnos hacia donde nos apunten con sus palabras. Y además, ya que halagamos al dramaturgo, nombremos también su capacidad para espiar los pecados propios del lector. Como le gusta decir a Zizek, uno entra en una sala de cine para ver los delitos y pecados de otro, a oscuras, a sabiendas del tabú. También en "Soñadores", de Bertolucci, uno de sus personajes acude a una definición del director de cine para enfocarlo del mismo modo. Así es como veo la magistral tarea de Mayorga: sabe introducirnos en historias que nos atraen a la vez que nos perturban, con lucidez de artista y madurez de maestro.

Cuando empezamos a ver "En la casa", nos presentan a un profesor harto de encontrarse a estudiantes llenos de desidia y sin amor por la literatura. Sus clases pretenden ser apasionantes, pero resultan rutinarias tras la falta de atención. En una corrección descubre que el chico de la última fila se preocupa más por la asignatura, por lo que se propone animarlo, incentivarlo y corregirlo con mayor interés.

Los escritos del chico atraerán la mente del profesor y la de su mujer, a quien siempre lee durante las correcciones. Ella le acompaña en todas las lecturas del joven estudiante, por lo que hay un trío de lectores que muestran la habilidad del guión para convertir un proceso en la trama principal: el chico lee con voz en off, el profesor lee el escrito a su mujer y su mujer lee con la mirada crítica sobre su marido. Sobre lo que escribe, lo que esconden sus trabajos literarios, no creo conveniente mostrarlo aquí. Será de agradecer que eso lo descubra cada uno al ver la película. Pero sí dejaré una síntesis de lo que me parece más curioso: la presunta madurez del profesor se verá en duda al avanzar el relato.

La película consigue mantener nuestra atención durante todo el metraje. La trama avanza hasta un desenlace que permite lo que toda obra maestra ha de provocarnos y digamos: "No me lo esperaba, sin embargo, no podía acabar de otro modo".

Se trata de un canto al buen relato. Se trata de un piropo sobre uno mismo. Se trata de esa idea postmoderna de ruptura con el esquematismo: ya no existe texto, contexto y pretexto, sino que todo forma parte del texto e influye en él mismo. ¿Estamos donde creemos o donde queremos? ¿Podemos distinguirlo?

Un placer al alcance de casi todos. Las referencias al arte contemporáneo, así como a los clásicos de la literatura hacen la hora y media más simpática, pero quédense con la honesta disposición de la ficción para alternativas que son reales.


Valoración: 8,5


martes, 11 de noviembre de 2014

LA CAZA, de Thomas Vinterberg


Dinamarca, 2012


Ira, bondad e implacable impotencia. Vinterberg ya no sigue su dogma para elaborar una película simple de una fuerza sobrecogedora. Sale a cazar, con un rifle cargado y la mira bien ajustada.

Mads Mikkelsen interpreta a Lucas, un profesor de infantil recién divorciado. Aparentemente, su bondad es infinita. Su relación con la comunidad, así como con su hijo, quien prefiere ser custodiado por él, es ejemplar y transmite una tranquilidad dulce y empática propia de los países nórdicos. Sin embargo, tiene una mirada que alberga la duda de un trágico virus. Parece tener la maldad en algún lugar dispuesta a jugar en su contra. Su mejor amigo tiene una vida algo difícil, en la que su hija sale perjudicada. Lucas ayuda en lo que puede y desenvuelve una amistad muy íntima con la pequeña, tanto que surgirá una doblez, un borrón. Y en la tarea de arreglarlo, plancharlo, eliminarlo, zas, comienza el inevitable curso del odio.

Todo girará en torno a esta filigrana de la desquiciada frialdad. Veremos el desarrollo de un personaje al que siempre temeremos y, sin embargo, nos pondremos en su lugar hasta gritar frente a la pantalla. Vinterberg tiene la habilidad, como le sucede a Von Trier, de deslizarnos un sentimiento de repulsa y acción que nos arroja contra los personajes. Siempre consigue que habitemos sus películas, aunque para ello tenga que hacer uso de las herramientas más dolorosas. Verdad y justicia cobran un aspecto fuera del margen legal en esta cinta, pero tenemos la sensación constante de que está al alcance de nuestras manos evitar la tragedia.

Elementos como las armas de caza, los animales a disposición del cazador, la oscuridad de un pueblo de montaña y los hechos sucedidos hacen que brote en nosotros una inquietud de tamaño descomunal. Todo el trabajo corre a cargo del increíble Mikkelsen, pero la pequeña niña tiene un gesto tan maquiavélico como entrañable que nos evoca tanto casi como él.

No es una película completa, y sin embargo es una ejecución perfecta para un guión sencillo y sin giros bruscos. A veces una historia no ha de ser complicada para atraparnos y elevarnos a un lugar desde el que duele salir cuando llegan los créditos.


Valoración: 7,7

lunes, 10 de noviembre de 2014

MOONRISE KINGDOM, de Wes Anderson



Estados Unidos, 2012


La seña Anderson tiene el carisma propio de la creatividad, la locura y la rebeldía. Aliado con un Coppola, añade la esperpéntica visión crítica del absurdo social que aúna un país en concreto, los Estados Unidos de América.

Naif, sobria, reposada y valiente, Moonrise Kingdom se presenta como una inolvidable sucesión de imágenes divertidísimas que esconden un discurso algo simple pero subversivo. Dos jóvenes han desaparecido. Él es un scout del campamento Ivanhoe, ella es una joven acomodada en una familia de carácter excéntrico. Él es un forajido ignorante, harto de las burlas debido a su falta de comunión con el grupo. Ella es una inteligente y molesta niña aislada en sus cuentos fantásticos. Son buscados por el encargado del campamento, padres, servicios sociales y todos los que aparecen en la película. La búsqueda será tan absurda como divertida, pero lo principal en esta trama tendrá que ver con los sucesos acontecidos durante la ruptura del esquema trazado previamente. Todo sucede como en una casa de muñecas, donde lo establecido cambia a nuestro antojo, pero todo permanece en la misma estructura. Cuando esa estructura se ve amenazada, surgen los problemas.

En base a esta idea, los Coppola inauguraron una tendencia dentro de Estados Unidos que afianzó una visión crítica y abrazó la cultura independiente desde finales de los años 60. Desde la trilogía de "El padrino" (Francis Ford Coppola), pasando por "Toro Salvaje" (Martin Scorsese), llegando hasta "Las vírgenes suicidas" o "Lost in translation" (Sofía Coppola), el cine ha explicado la situación en la que vive un excéntrico en ese denominado país de la libertad. El sueño americano no sé si existe, pero está claro que de existir, pertenece sólo a unos pocos enmarcados dentro del esquema. Con estas películas, los extranjeros inmigrantes contaban historias donde seres que pertenecían a la sociedad se veían influidos y determinados por factores al margen del esquema. Que los mafiosos sean italianos y sigan con sus rituales ancestrales no es más que una distinción frente al resto. Que la mujer de Michael, Diane Keaton, no admita los métodos de la familia de su marido en "El padrino" constituye la distintiva linea entre una familia y la oportunidad estadounidense. En "Toro Salvaje" vemos a De Niro golpeándose una y otra vez contra la libre igualdad, contra los esquemas inamovibles, contra su condición de animal frente a los propios de la casa. Por eso comienza con un plano de las cuerdas del ring, donde un toro (el boxeador) se mueve con furia, bien controlado dentro del cuadrilátero. Y con mayor ironía y sutilidad, Sofía Coppola nos brinda toda su filmografía. En ella vemos a unos seres que aparentemente pertenecen al círculo indicado, pero que no comulgan con su posición. Se ven perdidos, anestesiados, translúcidos e inútiles. De ahí que sus vírgenes se suiciden, sus bellezas huyan y sus conversaciones transcurran en lugares tan solitarios y estériles. A esos anglosajones, blancos, protestantes se les denominó de un modo: WASP, y ya tenían el standard de validez, así como la contracultura en respuesta a esta estructura.

Wes Anderson pertenece a esta contracultura, donde todo encaje en el molde pero alguien se encarga de romper la armonía, donde todo podría funcionar pero hay demasiados impedimentos. Para ello suele utilizar elementos mágicos, estéticos, morales y políticos. Los más llamativos refieren a la forma: esos colores, esos clichés en las poses. Pero lo realmente edificante de su crítica es el discurso falsamente edulcorado, con personajes serios que resultan de lo más cómico. La doble visión de un planteamiento hace de sus películas un tablero de juego tan provocador como apto para el debate. Podríamos limitarlo a una sucesión de metáforas pero, de ser así, se formaría una alegoría tan brillante que asustaría a los más conservadores.

En Moonrise Kingdom vemos un scout terriblemente patoso, un estúpido policía, una madre harta de su vida, unos servicios sociales intransigentes por imperativo, una boda entre niños, unos pactos ridículos, unos prismáticos como instrumento para ver el mundo de otro modo, a Edward Norton, Tilda Swinton, Bill Murray, Bruce Willis, Harvey Keitel, una niña que parece Lana del Rey, un cuervo entre pájaros y un cuento en el que a todos nos gustaría vivir, pero que resulta imposible sostener. 

Moonrise Kingdom es una película divertida, con un claro discurso crítico. Pero si uno sólo quiere hora y media de entretenimiento, también puede disponer de ella. Mi recomendación: en todo caso, guárdenla en la memoria por si algún día surge una conversación digna.


Valoración: 7,5

domingo, 9 de noviembre de 2014

DOS DÍAS, UNA NOCHE, de Jean-Pierre y Luc Dardenne


 Bélgica, 2014


Marion Cotillard llena una pantalla y 95 minutos de angustia, lucha de clases y reflejo realista de una incómoda situación alienada por la ambición de los avariciosos de siempre.

Marion Cotillard es la fuerza, la resistencia y la moribunda sociedad actual. Se agarra a un guión difícil y repetitivo, que recorre con singular destreza para volverlo personal y doloroso.

Marion Cotillard es la herramienta de los hermanos Dardenne en otro de sus aciertos. Organizan una trama más que sabida entre los trabajadores de la actual Europa. Lidian con la pesadumbre instalada en la muchedumbre y la describen con fidelidad sin caer en los tremendistas y populistas discursos del patio de vecinas. Los Dardenne son sello de calidad y novedad, y el formato de este golpe al estómago es austero, de aspecto feúcho y duramente concienciador.

El menage a trois que nos convence está formado por dos directores y una actriz de incalculable valor interpretativo. Su belleza va más allá de los estereotipos franceses o de fragilidad femenina. En "Dos días, una noche" se carga de valentía en un personaje ya liviano de optimismo, enmarca la falta de perspectiva en una vida familiar y destrozada por el precario puesto de trabajo. Cotillard es un personaje nuevo para ella, que la consolida como polivalente y merecedora de toda nuestra atención. Las arrugas y ojeras juegan en su contra, si uno busca enamorarse, pero no es su estética quien nos ganará, sino su despliegue de coraje y realidad. Sandra (Cotillard) sale de una depresión y se enfrenta a un despido, para evitarlo tendrá que convencer a sus compañeros, coartados por su jefe, de que renuncien a una paga extra para poder mantenerla en su puesto. No hay mucho más que saber para adentrarse.

La crítica al sistema laboral es obvia en esta película, pero Carlos Boyero apuntaba muy bien la huída de los clichés y posturas maniqueas. No vemos un discurso manido, sino uno de lúgubre resistencia. Supervivencia y resignación ante un siempre ganador depredador. La falta de trabajo no es un mal individual, sino que viene acompañado de otros más poderosos, como el miedo y la angustia existencial: ¿de qué servirá esforzarse si no hay posible escape a la precariedad? ¿Habremos de dejarnos llevar cual tobogán acuático y esperar el chapuzón final? La dureza de encontrarnos con la fraternidad sólo y únicamente cuando hemos dado todo por perdido, simbolizado en la compañera que deja a su marido por maltrato. La catarsis provocada en el momento de distensión involuntaria y ridícula, expresada en la canción del coche, mientras uno no puede dejar brotar unas lágrimas de condolencia.

Y contrario a los documentales actuales, que nos muestran la indudable injusticia y nos aplacan contra el sofá, esta película nos llena de furia y sincera rebeldía. Conciencia más una sencilla y difícil cinta de estos hermanos que casi todo análisis de datos. Su intención es bondadosa y el producto cinematográfico que consiguen es sublime. Capaces de tornar un duelo en una flecha, felicito sus películas como triunfos por lo que consigue hacerme sentir en esa butaca oscura que ocupo mientras trabajo, digo… mientras veo la película.


Valoración: 7,5


viernes, 7 de noviembre de 2014

LA ISLA MÍNIMA, de Alberto Rodríguez


España, 2014


Un tiro en el desierto, una espantada de bandadas.

El castigo que somete a nuestros dos policías los mantendrá tan unidos como distantes en la desaparición de dos adolescentes. Los dos agentes, ideológicamente opuestos, pivotan ante un misterioso asesino que no será fácil descubrir.

Nuestra dupla española de "True detective", no temamos la comparación, se enfrentará, no sólo a la ferocidad de un sanguinario, sino también a la dificultad que una sociedad anclada en el pasado presenta ante toda claridad. Vislumbrar el camino será tan difícil como asombroso para el espectador, que acudirá a la sala para ver una película y saldrá aplaudiendo por haber encontrado un maravilloso relato.

Raúl Arévalo y Javier Gutiérrez son los dos policías encargados del caso. Ambos pretenden dar un a buena imagen para ser devueltos a sus puestos originales o, al menos, llevados a algún lugar cercano al hogar. En el transcurso de la investigación iremos sabiendo más y más sobre sus pasados, ahondando en el de uno de ellos, pues servirá de anclaje y sospecha durante toda la película. Su fidelidad está puesta en cuestión, pero la lucha y la lealtad serán sus mejores bazas frente al enemigo. Estos dos ya conocidos actores se revelan una vez más como interpretaciones majestuosas, cargadas de tensión, angustia y perplejidad. Pero no sólo hay un guión afilado e inteligente amarrado a dos actores, sino que Alberto Rodríguez dirige con tal maestría que se permite unas imágenes épicas, unos giros personales y unos planos cenitales sobre la Ruta de las Marismas del bajo Guadalquivir. Gracia y procuración del propio director, que se viste de estrella hollywoodiense para demostrar una vez más un nivel por encima de sus competidores. Para colmo, la inmejorable participación de Antonio de la Torre vuelve a ejercer de catapulta a unos secundarios de inconmensurable valor. Color, tragedia, diálogos y buen guión.

La intrigante idea que plantea "La isla mínima" se ve venir sin sorpresa para placidez del espectador. Pero tras una presentación ya interesante, no hay minuto de calma en el que la información no sea grácilmente surtida a fin de incendiar la llama del suspense. Por eso y por el esfuerzo en la imparcialidad política, Rodríguez consigue unos personajes duros y tajantes, aunque sin perder la cercanía de un carisma propio al de todos los hijos de una etapa en España. Brillan los años 80, pero en los pueblos nunca brilló la novedad, sino la opacidad, la inquina y los trapicheos. Y todos esos factores están presentes en esta cinta sin insulto a ninguna clase. Reitero por ello el justo pivote que propone Rodríguez en sus películas: unos personajes más conservadores, otros más inclinados al cambio, pero ni buenos ni malos más allá de los hechos claramente vistos, pues apunta a la humanidad de ambos como sede de la fraternidad con independencia de los prejuicios.

No dejará indiferente una película como ésta. No permitirá que la comentes entre los más cercanos. pero sobre todo no te hará olvidar los nombres de Alberto Rodríguez, Raúl Arévalo y Javier Gutiérrez, merecedores de muchos premios dentro y fuera de los certámenes nacionales.

Un aplauso, un ademán de aprobación y un trago para celebrarlo.


Valoración: 8,2


jueves, 6 de noviembre de 2014

LA CARA OCULTA, de Andrés Baiz


Colombia, 2011


Una desapercibida producción transatlántica se ocultó a nuestro comercio y las salas en Europa mientras contaba con las populares caras de Quim Gutiérrez y Clara Lago. Tan sorprendente es ese hecho como la trama que nos descubre "La cara oculta" (The hidden face).

Andrés Baiz, también conocido como Andi Baiz, ya había dirigido otras producciones allá en Colombia y, como era de esperar, no llegaría a nuestros oídos sino por recomendaciones individuales como la lanza que rompemos en este blog. Sin una trayectoria muy brillante, habría de hacerse famoso este año por dirigir el remake latino de Breaking Bad, "Metástasis".

Pero centrémonos en esta cinta de poco más de hora y media para nada anodina. "La cara oculta" nos desvela una intrigante historia sobre un posible secuestro, celos y errores incalculables. Adrián consigue ser el director de la Orquesta Filarmónica de Bogotá, a donde viaja con su novia Belén. Pronto Adrián da motivos para originar los celos de su chica, lo que provocará la primera tensión y suspicacia. Un buen día, Belén desaparece tras dejar un video de despedida (comienzo de la película), y la tristeza invade al joven músico, que se refugia en los brazos de Fabiana.

Mientras los investigadores siguen la pista invisible de Belén, Fabiana se instala en la vida de Adrián, en su casa de las afueras, donde escucha y siente unos misteriosos ruidos y temblores. Los celos también son provocados en su nueva novia, a lo que hemos de sumar la cercanía de uno de los fiscales, sospechoso en todo momento por su interés en Fabiana. El desenlace queda en los ojos del espectador.

La película nace con una precipitada presentación de los tópicos. Sin buena mano, Andi Baiz permite temblar su calma tensa y produce una apatía propia de los telefilmes de hora de siesta. Sin embargo, al dejarnos llevar, descubrimos más truculentas sombras que llaman a la esperanza. Quim se asienta en un personaje turbio, pero sincero. Clara Lago toma las riendas y surge la magia de este guión: una constante sorpresa que agudiza nuestra atención. La historia comienza a girar en su segunda parte y ya no cerramos los ojos. Todo empieza a tener sentido y asistimos a una narración de mayor calidad que la ofrecida minutos antes. De final comercial, la película termina ofreciéndonos un buen disparo de suspense.

De una fotografía y música débiles, las interpretaciones no vuelan mucho más alto. Parece que no encajan los tonos de expresión propios de culturas diferentes. Pero el guión y la puesta en escena sirven todo en una bandeja tan brillante que bien merece la aprobación notable. Muy recomendables 103 minutos de intrigante historia de amor y dolor.


Valoración: 6,8

miércoles, 5 de noviembre de 2014

PICNIC, de Joshua Logan.

                           
Estados Unidos, 1955


Hal Carter llega a un caluroso pueblo de Kansas durante el día del trabajo. Su propósito es encontrar empleo en la empresa de un acaudalado amigo. Un día será suficiente para torcer las ambiciones del protagonista quien se verá prendido por Maggie, novia de su amigo y la mujer más atractiva del pueblo sureño. Esta relación sólo traerá problemas al pícaro personaje, deberá elegir si huir con su nuevo amor o quedarse en el pueblo y así forjar un futuro con un posible nuevo empleo que le proporcionará el ya mencionado amigo.


El aventurero buscavidas es el protagonista de esta historia plagada de personajes muy bien compuestos. El núcleo reside precisamente en las diferentes relaciones que se establecen entre ellos, sí que son algo típicos pero este matiz carece de importancia ya que son verosímiles y poseen identidad propia. Una relación entre hermanas movidas por los celos, una madre preocupada por el futuro de sus pequeñas, unos amigos que se reencuentran y una profesora cuyo amante es un borracho que reside en un pueblo cercano son los arquetipos que conforman este caluroso relato. Estos últimos son un gran acierto y conforme avanzan los minutos ganan protagonismo, un auténtico filón que cualquier otro habría desaprovechado.


El espectador disfrutará de lo lindo cuando lleguemos a la parte clave del film, que sirve de título. Una deliciosa velada de picnic será donde todo estalle. Casi todos los personajes ya mencionados se verán envueltos en una turbulenta y sensual pelea precipitada por un baile que hizo historia. No es una película que te hará pensar o dejará poso pero sí es impecable en narración y actuación.


Sin duda el guion es el punto fuerte de la película, tiene una estructura lineal y está enmarcada en tan sólo un día. Una gran adaptación de la novela de William Inge que corrió a cargo de Daniel Taradash. Otros aspectos reseñables son su producción, sobre todo a la hora de desarrollar el picnic y el impecable montaje.

William Holden y Kim Novak interpretan este melodrama poseedor de una gran carga erótica desde el primer minuto consiguió evitar la censura y damos las gracias porque eso pasara. La película fue un triunfo en su época y llegó a optar a los Oscar por mejor montaje y dirección artística. Por desgracia, se fue de vacío. No obstante, los años no han conseguido empobrecer la película, ni mucho menos. Picnic consiguió aguantar bien el paso del tiempo, a pesar de que éstos hayan cambiado, no aburrirá ni cansará a los detractores de las películas clásicas. Te animo a que viajes hasta los cincuenta y te deslumbres con el torso de Holden, o bien, la nuca de Novak. 


Valoración: 7,2