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domingo, 21 de diciembre de 2014

¡BIENVENIDO, MÍSTER MARSHALL!, de Luis García Berlanga


España, 1953


Yo soy vuestro crítico y como crítico vuestro os debo una explicación, y esa explicación os la voy a dar.

Un clásico del cine español, del espíritu humilde y de la lucidez crítica que este país atesora. Ganadora de premios internacionales e infravalorada en el lugar de origen, pronto hubo de hacerse un hueco entre los conocedores del séptimo arte. Como cualquier creación artística, su voz política resalta entre el humor y la descripción realista. Acidez que termina de pulir la grandeza de un director que no sólo hacía cine, sino discurso casi tangible adentrado en la expresión de la ciudadanía.

Berlanga es uno de los representantes de un país que siempre mira con recelo sus propias maestrías. Sin embargo, debido a una situación políticamente retrógrada, tardó mucho en apuntar a sus películas como ciertas obras maestras. Entendible y corregible, ese menosprecio fue resuelto con el reconocimiento actual a su valía como visión crítica y retranca. Es en la actualidad cuando su nombre resuena en todas las antologías del cine estatal, lo que llena de orgullo las voces más altas de su representación. Y a pesar de ello, todavía son muchas de sus obras las que permanecen ocultas al visitando general, por lo que la opinión popular conoce un apellido del que raramente han visto sus películas.

Bienvenido Míster Marshall es casi con seguridad una de las más conocidas obras de Berlanga, que no sólo refleja la situación cultural del interior, tanto territorial como espiritual, de una población sumida en la pobreza, la ignorancia y la bondad inocente. También es fiel espejo de nuestros acrecentadas esperanzas en lo foráneo, de la disciplinada angustia y la displicente actitud para con nuestros superiores. Cuenta la película un periodo muy corto de tiempo en que el alcalde de un pueblo sencillo recibe la noticia siguiente: unos americanos se personarán en el pueblo y hemos de recibirles suntuosamente. Para ello contará con la ayuda de todo el pueblo, pero con la emancipada colaboración de un representante de estrellas de la canción. Cómo sucede el acontecimiento y cómo se resuelve es de casi todos conocido, aunque para aquellos que no han visto el final no adelantaré nada.

Lo que ocurre en este pueblo, Villar del Río, durante la década de los 50, es algo anodino a efectos históricos, pero que acontece con gracia y estímulo y surge como una perfecta descripción de la sociedad del momento, así como una declaración de intenciones, tanto en tercera persona al actuar los personajes, como en primera persona al presentar la película como construcción crítica. La estructura es original y de atractivo sorprendente dada la fecha de estreno, la sátira con la que actúan los personajes y el ridículo formado en casi todas las conversaciones enmarcan la desternillante bofetada a un antiguo sistema totalitarista que no avanzaba culturalmente.

Si hubiéramos de buscar referencias en el cine actual para contextualizar estilos, veríamos la narración de "Amelie" con el humor de "Los Simpson" y la descripción de Aranoa. Comparaciones que no pretenden igualar, sino servir de anclaje para aquel que pretenda acercarse a un cine pobremente distribuído como el de la década de oro: los años 50.

Una hora y cuarto de cómicas situaciones interpretadas por un alcalde sordo sin capacidad política, una artista inexpresiva, un agente acaparador y unos vecinos llenos de tópicos que abandonan sus quehaceres para recibir a los americanos. Desde el nuevo continente traerían la tecnología, el avance, el dinero y los fantasmas del progreso, ya que con el plan Marshall recapitalizaron la entera Europa destruida por la guerra, menos en España. Como seña de identidad, ese plan quedó como perfecto ejemplo de nuestra historia más reciente y de nuestra humilde pobreza.

Tal vez sean los propios americanos quienes disfrutarían mucho con las películas de este peculiar realizador, pero no hay mucho tiempo entre exportar y fardar. Llegan los americanos, y eso bien merece un "hola" y un "chorrito".


Valoración: 7,4



miércoles, 17 de diciembre de 2014

LAS VENTAJAS DE SER UN MARGINADO, de Stephen Chbosky



Estados Unidos, 2012


Ser tímido está de moda. Sacar a relucir la introversión, por muy paradójico que resulte, es lo que busca la audiencia. Ser popular atraviesa esa insípida y peligrosa barrera de lo excéntrico. Pero expliquemos bien este término, excéntrico: fuera de lo normal, lejos de aquello que socialmente se entiende como la moda o el centro de la acción. Excéntrico es adjetivo de quien no se ajusta a los parámetros establecidos, aunque ello no implique la falta de adaptación social. También conlleva las connotaciones de originalidad, creatividad y demás atractivos para una sociedad ya cansada de estereotipos.

Ser excéntrico, diferente, inconformista, se convierte en anodino cuando el impulso general es alcanzar ese estado. Y tras la generación Beat y los posteriores cuños de términos como "hipster" o "vintage", la búsqueda de ese aire transgresor a la par que perteneciente al grupo ha aumentado en cantidad dividiendo su verdadera esencia cautivadora.
El caso es que aquellos movidos por el arte siempre tienden a autoincluirse en la lista de extraños al rebaño, tanto aquellos creadores como los que simplemente disfrutamos de una obra de teatro, un poema o una película. Ya se nos acababan las creaciones coetáneas dignas de aprecio y siempre bostezábamos, cual críticos grises, mirando al pasado en busca de aquellos románticos recuerdos donde los clásicos nos hicieron vibrar. "Nada como aquello", "nunca volverán", "insuperables por su origen". Nos llenamos de absolutos con el fin de destituir a los nuevos de ese pedestal de deidades artísticas. También es verdad que, heridos por la disonante fama, o alcanzados por el estremecimiento de la muchedumbre, en raras ocasiones admitimos una nueva gloria a la que, pronto y con desdén, retiramos la ovación y asentimos condescendientes entonando el "era mejor su primer disco", "ya se han hecho muy comerciales", "yo los conocía cuando no eran famosos". Algún tumor contendrá nuestro deleite para desmoronarse con la aprobación ajena, pero no nos gusta defender a quien otros ya defienden: nos creemos parte de la originalidad o no merecen nuestra atención. No sólo prejuzgamos, sino que postjuzgamos en función del resto de opiniones, algo igual de equivocado.

Pues en "The perks of being a wallflower" (Las ventajas de ser un marginado) nos cuenta Stephen Chbosky, escritor y director de su propio guión, las dificultades y grandezas de un excéntrico que logra empatizar con el resto de personas afines a él. En realidad, el término marginado aquí se utiliza como piropo para contrastar la menudez del insulto frente a las ventajas de permanecer en una sombra asombrosamente más rica e interesante que la aclamada fama de otros. En un mundo donde ser parte de algo parece fundamental, la película desarrolla una personalidad algo dada al caos, con algún problema psicológico y de fragilidad extrema.

Charlie comienza el instituto, quiere ser escritor y adora unas canciones amargas que escribe y canta un tal Morrisey. Se enfrentará a los poderosos grupos populares pero pronto será abordado por otros seres más locos y también apartados al margen de lo normal. En ellos encontrará refugio, amistad, verdadero placer y sentido a su vida. En su locura por experimentar bondadosamente se posará en flores equivocadas y chocará contra muros de madurez, pero saldrá airado si esa obsesión del pasado le deja avanzar.

La película es una oda a la vida activa y artística. Es una loa a la realización de sueños, persecución de amores y explosión de personalidad. Si Bertolucci nos trajo aquella maravilla "Soñadores" con un ánimo parecido, una década después Chbosky nos enlaza aquel plantel con esta renovada juventud que, a pesar de los críticos grises y mutatis mutandis, logra animar las almas más extraviadas.

Llena de amor por el arte, cayendo obviamente en la burda simplificación de la adolescencia, es una cinta digna para el recuerdo y enmarcada en citas y momentos para toda una generación de introvertidos, marginados, excéntricos en definitiva, que sabe dónde verse reflejada. Ahonda en ridículos, en sentirse libre de ataduras y en tribus urbanas con la correspondiente obviedad del paso del tiempo. No se queda en la chanza y busca el drama, algo que le cuesta a un director poco experimentado. Pero no es una simple comedia adolescente, algo que se agradece cuando se habla de esa libertad propia de un momento concreto. Excéntrico es aquel que, lejos de intentar serlo, se duele en ese ser y crea una vez superado el duelo.

Reparto e interpretaciones muy notable, guión algo convencional pero de ejecución original y banda sonora magnética y dulce como pocas. Un ejercicio no tanto para estetas y técnicos, pero de belleza discursiva para seres dolientes.

Si eres de los que admiten la amargura, esta película entrará en la lista de favoritos. Está en la mía.

"We can be heroes, just for one day!"

Valoración: 8,1



jueves, 11 de diciembre de 2014

LOREAK, de José María Goenaga y Jon Garaño


España, 2014


Una soledad de solipsismo sentimental. Flores que perfuman una sensación tan imposible como fiel.

"Loreak" es un drama sobre la pérdida, la resignación, la soledad y la pertinencia del cariño. Tanto José Mari Goenaga como Jon Garaño escriben junto a Aitor Arregi una historia de vidas cruzadas con nexo en la significación de las flores en diferentes ámbitos.

Desde la intimidad, las flores se añaden a una relación que ha perdido su intensidad. Ane es una mujer que comienza la menopausia y se siente frágil, las flores llenarán un vacío que conseguirá la intriga que tanto ansía. Alguien envía flores semanalmente a su casa de forma anónima, lo que nos persigue durante la película como base de nudo a desatar. Por su parte, Tere y Lourdes sufren una relación familiar obligada que las lleva a la tensión hostil, buen terreno donde asentar una pérdida que las volverán a unir. Las flores también volverán a ser parte de sus vidas al descubrir que alguien sigue conmemorando a quien más querían con un ramo semanal.

Este drama vasco está rodado con la sencillez, para nada fácil, de unas vidas cotidianas que se engranan en torno a las flores. El tono y la luz ayudan a la digestión de una historia dura y de adversidad emocional. Pero el mayor atractivo de la película es esa capacidad para unir dos géneros en uno: el drama personal se añade a un formato de suspense en la imagen. La banda sonora, acompañante y sugerente, se suma a unos planos descriptivos y silenciosos que se abren ante unos rostros pensativos. Durante algunos minutos, dudamos del género y respiramos un interés muy difícil de conseguir en películas tan intimistas como ésta. Es un logro a felicitar que no muchos disfrutaron en las salas, aunque tras los premios Goya probablemente le concedan otra oportunidad.

Son mujeres (Nagore Aranburu, Ane Gabarain y Itziar Aizpuru) las protagonistas de la cinta, con lo que las flores también aportan la metáfora de una belleza a recalcar. Madurez interpretativa y solidez en el guión son las huellas de "Loreak", huellas de las que pocas producciones gozan. Sin menospreciar los grandes presupuestos, aquí hay una prueba de saber hacer sin necesidad de grandilocuencia publicitaria.

Pasen, déjense llevar por el aroma y disfruten de las flores.


Valoración: 6,5


miércoles, 10 de diciembre de 2014

MAGIA A LA LUZ DE LA LUNA, de Woody Allen


Estados Unidos, 2014


Entre el encanto y los encantadores.

Fiel a la cita anual, Woody Allen nos ameniza los inviernos con una entrega que muchos esperamos con verdadera esperanza. Tras casi 50 años dirigiendo, el neoyorquino maniático sigue llenando salas alrededor del mundo gracias a una reputación que nunca ha puesto en rigurosa duda.

"Magic in the moonlight" es el nombre de la última película de Allen, una comedia romántica que sigue la estela de sus últimas dos producciones. El tema: el drama de la realidad alejada de la magia y la magia del amor alejado de la realidad. Los elementos: los de siempre (miedo a la muerte, el significado existencial de la vida humana, etc.) con un tenue velo de serotonina que impide el análisis profundo en aras de un entretenimiento más propio de la vejez y la resignación que de la mente espléndida de un visionario.

Pocos son los que se atreven a venerar esta última película de Allen, ya sea por su efectismo o su poco magnético guión. Se trata de hora y media divertida y sin duda agradable, de una historia nada original pero con el encanto de una fruta en estío. Colin Firth es un ilusionista bajo la entidad asiática de un personaje inventado que pretende desvelar la ilusión en el engaño de una joven médium. Basado en el puro raciocinio, contrario a todo misticismo, formula la dicotomía ciencia-fe que envuelve esta comedia desarrollada en la Francia de los años 20. La escenografía aporta a la leve cinta un halo de dulzura que el recuerdo siempre nos hace aflorar. Sin embargo, no hay una luz ni una fotografía reseñable más allá de la correcta ejecución. Tras aquella perla de "Midnight in Paris", cualquier comparación de época surge dolorosa, ya que pocas podrán transportarnos a un lugar más mágico que el que habitó Owen Wilson. Emma Stone es la simpática médium a la que le toca demostrar si su trabajo es honesto o no, para lo que se atreverá a conquistar al racional mago.

La magia del amor gana la batalla del amor a la magia y esta película se convierte en un pobre elogio a los amores que nacen del conflicto. Sin embargo, no creo que fuera la intención de Allen esta pequeña historia de poco sustrato, sino que probablemente obedezca a razones de tipo natural, como la evidente dificultad de conectar mientras la figura del director y guionista planea sobre todo el equipo. La escena en el observatorio sirve para poco más que dar título a la producción. La justificación del desenlace se esclarece sin gran sorpresa, aunque sí con eficacia. Las consecuencias de las acciones no parecen llevar a los personajes al límite, algo que suele apuntarse como base de un buen guión cinematográfico. No es una maravilla, aunque tampoco hemos de castigarla en exceso. 

Sincera, aunque limitada, "Magic in the moonlight" agrada pero no embauca. Más amor que magia y poca luz de la luna. Se agradece, pero no se celebra, por lo que no nos queda más que mantener la esperanza en la siguiente.


Valoración: 6.0


sábado, 22 de noviembre de 2014

NYMPHOMANIAC, de Lars von Trier


Dinamarca, 2013


Dividida en dos volúmenes a nivel comercial, el asalto sexual de von Trier se despliega con más polémica que problemática. El ansiado debate se promulga desde la certeza y la seguridad del cebo bien preparado.

Nymphomaniac es un drama muy doloroso sobre el perdón, el pecado, la redención y la justificación. En sus cuatro horas (dos películas de dos horas) oímos y presenciamos el relato de Joe, una mujer a quien Seligman ha recogido de la calle con signos de maltrato. Ella nos cuenta cómo ha llegado hasta esa terrible situación de abandono como huésped de un enigmático hombre asexual, aséptico en cuanto al deseo, que atiende y aporta significado a la asombrosa y despiadada historia que alberga en su pasado la joven Joe. Cada parte del relato viene introducida por algún detalle que encuentra en el hogar del sensato Seligman, un hogar cargado de amargura y decadencia sin apenas ornamento en sus paredes. Así como la Torá cuenta al pueblo israelí su patrimonio y ley identitaria, el relato de la vida de Joe (ninfómana) cobra sentido con la analogía histórica que Seligman utiliza para rellenar el espacio que la falta de sentido religioso ha dejado en esta contemporaneidad. Aparentemente accidental, todo detalle surge como explicación y piedra de toque que fundamenta el increíble cuento que Joe desvela.



La división en capítulos, la simbología mística y la proyección de personajes en las acciones hacen de Nymphomaniac un mecanismo milimétricamente ajustado que confirma la excelsa nube de conocimiento que rodea al director danés. Una vez más, con su película reconoce su afán por la polémica, su inquietud artística y su gusto por el rechazo de muchos. Es una de sus películas menos controvertidas y, sin embargo, ha suscitado prohibiciones y repulsa allá por donde se ha estrenado. He de suponer que esa confrontación se debe al título, a imágenes explícitas de sexo y al trato de un tema desde la máxima franqueza. Pero no impide verla con un placer pocas veces producido en su filmografía. Se inducen algunas situaciones desagradables, pero en su mayoría responde a una justificación de los personajes y el relato antes mencionado. Tampoco es llamativo el uso del sexo como arma, sino como parte de un guión centrado en un tema mayor: la búsqueda del perdón. Joe cuenta su vida como ninfómana y su imposibilidad de satisfacer sus deseos. Lo que conlleva esa dificultad es una vida de giros dramáticos sobre baldosas ya de por sí escurridizas. Casi todo lo que vemos pertenece a un mundo subyacente y escondido a la aceptación social, pero exceptuando un par de escenas, la gran mayoría surgen como posibles y probables momentos de infinita agonía.

Nymphomaniac es una invitación al dolor. Es una muestra de represión que cuesta abordar. No es una banal muestra de imágenes retorcidas ni una víspera de abismo, sino un acierto en la trayectoria de un director que se inclina cada vez más por un guión más poético. Roza la perfección en el discurso. Termina con una inexplicable situación que nos permite afirmar sabiendo que no quedaba otra salida. Y lo más importante: deja un poso que, a pesar de la extravagancia y la perturbación, podremos destapar para reflejar tabúes y totems que cuesta utilizar con el mero uso del lenguaje. En su conjunto, es una buena película que merece mucho más por su primer volumen que por el segundo. No es recomendable para el gran público, aunque sí una aventura para la gran mayoría y, sin lugar a dudas, nos ofrece la capacidad de experimentar algo difuso como la ninfomanía en un plano mucho más transparente que el discurso políticamente correcto. Con interpretaciones acordes y de flagrante sensibilidad, la estructuración gana enteros hasta ser protagonista y no se hace excesivamente larga, algo que parecía inevitable. Gainsbourg, sinceramente brutal. Skarsgard, tenebrosamente lúcido. LaBeouf, sólidamente astuto. Martin, intrigantemente enferma.

Abierto el debate, pasen, vean y comenten. Lars ha vuelto a suscitar polos opuestos.


Valoración: 6,6


jueves, 20 de noviembre de 2014

Divas del cine: BETTE DAVIS






Bette Davis nació en 1908 en la ciudad de Massachusetts, comenzó sus estudios de teatro cuando todavía era una niña y consiguió triunfar en Broadway antes de cumplir la veintena. Sus ademanes teatrales son palpables en sus actuaciones, las cuales, al igual que otros colegas de su época, rallaban en lo exagerado. Sea como fuere, Bette Davis fue una grande. Una polémica actriz conocida por sus matrimonios, peleas con compañeros de reparto y fuerte carácter. Una mujer tradicional que supo plantar cara a la tiranía de las productoras.


Davis llegó a Los Ángeles acompañada por su madre a principio de los años treinta. El chófer no la llevó a su hotel porque no vio a nadie que pareciera una actriz de cine. A pesar del espanto que le provocó Hollywood, consiguió su primer trabajo en la película “Mala hermana”. Después de trabajar en más de veinte films consiguió el favor de crítica y público con “Cautivo del deseo”, su primer papel importante, aunque no protagonista. En ella interpretaba a una mujer manipuladora, vil y con tendencias homicidas. Varios colegas consideraban que su actuación merecía ser premiada con un Oscar, desgraciadamente se quedó en la nominación. Un año más tarde recibió el premio que ya antes merecía. Bette no se lo tomo muy bien y en su discurso comentó que era un premio de consolación.

Durante los años siguientes consiguió su merecido hueco. El problema es que sus personajes eran muy parecidos entre sí, todos ellos seguían la estela de “Cautivo del deseo”. Mujeres desagradables que establecían sus intereses por encima de todos: “peligrosa”, “la mujer marcada” o “la solterona” son un claro ejemplo. Aunque también triunfó con melodramas edulcorados en exceso como “Las hermanas” en la que trabajó junto a Errol Flynn y Anita Louise.

La americana se cansó de estos papeles y partió a Reino Unido a probar suerte. Así mismo emprendió acciones legales en contra de Warner. Sus reclamos no dieron fruto. La joven volvió arruinada pero ansiosa por trabajar. En 1938 trabajó por primera vez con Billy Wilder y consiguió su segundo Oscar por la inolvidable Jezabel. La rebelde aseguró que fue el único director que consiguió dirigirla completamente.


Sin duda el dúo Davis/Wilder es inolvidable. Las tres películas que rodaron juntos resultan imprescindibles para cualquier amante del cine clásico. “La carta”, con su poderosa secuencia inicial y sus puntos de giro, “la loba” o la ya citada “Jezabel”.

Los años cuarenta no fueron tan prolíficos como los anteriores, aunque destacaré “La extraña pasajera” y “El señor Skeffington”. La actriz estaba más centrada en apoyar al ejército estadounidense. Gracias a sus esfuerzos recibió en 1980 la medalla al servicio civil. Desgraciadamente la mujer de los ojos misteriosos estuvo desafortunada a la hora de elegir papeles, rechazó el guion de “La reina de África” alegando que ella no se desplazaría a ese continente. También rechazó otra historia que en principio iba a rodar junto a Crawford asegurando que era una historia de tortilleras.

La soberbia “Eva al desnudo” consiguió que Bette volviera a brillar después de unos desafortunados años. La película es una obra maestra inolvidable. Una joven Monroe aparecía por ahí. Joseph L. Mankiewicz escribió y dirigió esta estupenda historia que trata sobre los celos y el poder.


El trabajo de Bette Davis es tan extenso en la pequeña y gran pantalla que necesitaría el doble de palabras para hablar de todo lo que quiero. Omitiremos sus trabajos en la televisión y nos centraremos en algunos de sus últimos trabajos, que resultan interesantes por ofrecer papeles totalmente diferentes en comparación con los que antes había protagonizado. "¿Qué fue de Baby Jane?" y “Canción de cuna para un cadáver” se encuentran entre mis preferidos debido a su oscura y tétrica ambientación, ambos dirigidos por Robert Aldrich, quien pretendía contar de nuevo con Crawford para la segunda. Ésta se negó debido a los múltiples problemas que tuvo con la actriz en el rodaje de la primera.

Bette Davis murió en 1989 después de haber luchado varios años contra esa terrible enfermedad llamada cáncer. No quiero terminar con una frase tan deprimente, siempre nos quedarán sus apoteósicas actuaciones y la estupenda canción que Kim Darnes dedicó a tan enigmáticos ojos.






viernes, 14 de noviembre de 2014

Crimen e Investigación: Cerca del Mal



Nunca sabes quién va a cometer la mayor locura. Mientras confías en tus amables vecinos o colegas de trabajo, alguno de ellos puede sorprenderte con la mayor atrocidad.

Cinco historias de la mano de Sarah Scazzi, Danilo Restivo, la familia De Nardo, Lea Garofalo y Sergio nos acercarán a trágicas narraciones sobre sucesos increíbles.

Desapariciones, asesinatos, puñaladas y fetichismo. Adolescentes, testigos, y fracasos que nos meten de lleno en investigaciones sobre personajes muy cercanos. Tan cerca del mal nos encontramos que el crimen formará parte de nosotros durante los minutos de duración. Acércate, prepárate y disfruta del mal:



miércoles, 12 de noviembre de 2014

EN LA CASA, de François Ozon

Francia, 2012


"Dans la maison" es una adaptación cinematográfica sobre el texto teatral de Juan Mayorga. Y Juan Mayorga es un genio con la pluma para alimentar situaciones y diálogos con un interés espectacular. Así, Ozon ya tenía media película hecha.

El guión es una adaptación muy apropiada para la cantidad de escenas en diferentes lugares. Además, aprovecha muy bien las intervenciones de los personajes para desarrollar la confusa comicidad entre realidad y ficción. Y es que la única ficción interesante es aquella que, dada su verosimilitud, nos produce la sensación de vértigo por el posible doble sentido. Ni Tolkien, ni Martin ni Ende (exceptuando Momo). Ni James, ni Larsson ni Brown. La narración puede ser ligera, pero sólo será atractiva cuando los intereses del espectador sean acordes a una realidad maleable, no una sucesión de fantásticas tramas sin trascendencia. Mayorga crea unos personajes comunes, no por ello anodinos, que se mueven entre nuestras mismas preocupaciones, se defienden ante los mismos delitos y asimilan a nuestra misma velocidad. Eso sí, son suficientemente inteligentes como para deslumbrarnos y guiarnos en sus acciones. Descubrimos a su paso, junto a ellos, pero con la capacidad sorpresiva de girarnos hacia donde nos apunten con sus palabras. Y además, ya que halagamos al dramaturgo, nombremos también su capacidad para espiar los pecados propios del lector. Como le gusta decir a Zizek, uno entra en una sala de cine para ver los delitos y pecados de otro, a oscuras, a sabiendas del tabú. También en "Soñadores", de Bertolucci, uno de sus personajes acude a una definición del director de cine para enfocarlo del mismo modo. Así es como veo la magistral tarea de Mayorga: sabe introducirnos en historias que nos atraen a la vez que nos perturban, con lucidez de artista y madurez de maestro.

Cuando empezamos a ver "En la casa", nos presentan a un profesor harto de encontrarse a estudiantes llenos de desidia y sin amor por la literatura. Sus clases pretenden ser apasionantes, pero resultan rutinarias tras la falta de atención. En una corrección descubre que el chico de la última fila se preocupa más por la asignatura, por lo que se propone animarlo, incentivarlo y corregirlo con mayor interés.

Los escritos del chico atraerán la mente del profesor y la de su mujer, a quien siempre lee durante las correcciones. Ella le acompaña en todas las lecturas del joven estudiante, por lo que hay un trío de lectores que muestran la habilidad del guión para convertir un proceso en la trama principal: el chico lee con voz en off, el profesor lee el escrito a su mujer y su mujer lee con la mirada crítica sobre su marido. Sobre lo que escribe, lo que esconden sus trabajos literarios, no creo conveniente mostrarlo aquí. Será de agradecer que eso lo descubra cada uno al ver la película. Pero sí dejaré una síntesis de lo que me parece más curioso: la presunta madurez del profesor se verá en duda al avanzar el relato.

La película consigue mantener nuestra atención durante todo el metraje. La trama avanza hasta un desenlace que permite lo que toda obra maestra ha de provocarnos y digamos: "No me lo esperaba, sin embargo, no podía acabar de otro modo".

Se trata de un canto al buen relato. Se trata de un piropo sobre uno mismo. Se trata de esa idea postmoderna de ruptura con el esquematismo: ya no existe texto, contexto y pretexto, sino que todo forma parte del texto e influye en él mismo. ¿Estamos donde creemos o donde queremos? ¿Podemos distinguirlo?

Un placer al alcance de casi todos. Las referencias al arte contemporáneo, así como a los clásicos de la literatura hacen la hora y media más simpática, pero quédense con la honesta disposición de la ficción para alternativas que son reales.


Valoración: 8,5


martes, 11 de noviembre de 2014

LA CAZA, de Thomas Vinterberg


Dinamarca, 2012


Ira, bondad e implacable impotencia. Vinterberg ya no sigue su dogma para elaborar una película simple de una fuerza sobrecogedora. Sale a cazar, con un rifle cargado y la mira bien ajustada.

Mads Mikkelsen interpreta a Lucas, un profesor de infantil recién divorciado. Aparentemente, su bondad es infinita. Su relación con la comunidad, así como con su hijo, quien prefiere ser custodiado por él, es ejemplar y transmite una tranquilidad dulce y empática propia de los países nórdicos. Sin embargo, tiene una mirada que alberga la duda de un trágico virus. Parece tener la maldad en algún lugar dispuesta a jugar en su contra. Su mejor amigo tiene una vida algo difícil, en la que su hija sale perjudicada. Lucas ayuda en lo que puede y desenvuelve una amistad muy íntima con la pequeña, tanto que surgirá una doblez, un borrón. Y en la tarea de arreglarlo, plancharlo, eliminarlo, zas, comienza el inevitable curso del odio.

Todo girará en torno a esta filigrana de la desquiciada frialdad. Veremos el desarrollo de un personaje al que siempre temeremos y, sin embargo, nos pondremos en su lugar hasta gritar frente a la pantalla. Vinterberg tiene la habilidad, como le sucede a Von Trier, de deslizarnos un sentimiento de repulsa y acción que nos arroja contra los personajes. Siempre consigue que habitemos sus películas, aunque para ello tenga que hacer uso de las herramientas más dolorosas. Verdad y justicia cobran un aspecto fuera del margen legal en esta cinta, pero tenemos la sensación constante de que está al alcance de nuestras manos evitar la tragedia.

Elementos como las armas de caza, los animales a disposición del cazador, la oscuridad de un pueblo de montaña y los hechos sucedidos hacen que brote en nosotros una inquietud de tamaño descomunal. Todo el trabajo corre a cargo del increíble Mikkelsen, pero la pequeña niña tiene un gesto tan maquiavélico como entrañable que nos evoca tanto casi como él.

No es una película completa, y sin embargo es una ejecución perfecta para un guión sencillo y sin giros bruscos. A veces una historia no ha de ser complicada para atraparnos y elevarnos a un lugar desde el que duele salir cuando llegan los créditos.


Valoración: 7,7

lunes, 10 de noviembre de 2014

MOONRISE KINGDOM, de Wes Anderson



Estados Unidos, 2012


La seña Anderson tiene el carisma propio de la creatividad, la locura y la rebeldía. Aliado con un Coppola, añade la esperpéntica visión crítica del absurdo social que aúna un país en concreto, los Estados Unidos de América.

Naif, sobria, reposada y valiente, Moonrise Kingdom se presenta como una inolvidable sucesión de imágenes divertidísimas que esconden un discurso algo simple pero subversivo. Dos jóvenes han desaparecido. Él es un scout del campamento Ivanhoe, ella es una joven acomodada en una familia de carácter excéntrico. Él es un forajido ignorante, harto de las burlas debido a su falta de comunión con el grupo. Ella es una inteligente y molesta niña aislada en sus cuentos fantásticos. Son buscados por el encargado del campamento, padres, servicios sociales y todos los que aparecen en la película. La búsqueda será tan absurda como divertida, pero lo principal en esta trama tendrá que ver con los sucesos acontecidos durante la ruptura del esquema trazado previamente. Todo sucede como en una casa de muñecas, donde lo establecido cambia a nuestro antojo, pero todo permanece en la misma estructura. Cuando esa estructura se ve amenazada, surgen los problemas.

En base a esta idea, los Coppola inauguraron una tendencia dentro de Estados Unidos que afianzó una visión crítica y abrazó la cultura independiente desde finales de los años 60. Desde la trilogía de "El padrino" (Francis Ford Coppola), pasando por "Toro Salvaje" (Martin Scorsese), llegando hasta "Las vírgenes suicidas" o "Lost in translation" (Sofía Coppola), el cine ha explicado la situación en la que vive un excéntrico en ese denominado país de la libertad. El sueño americano no sé si existe, pero está claro que de existir, pertenece sólo a unos pocos enmarcados dentro del esquema. Con estas películas, los extranjeros inmigrantes contaban historias donde seres que pertenecían a la sociedad se veían influidos y determinados por factores al margen del esquema. Que los mafiosos sean italianos y sigan con sus rituales ancestrales no es más que una distinción frente al resto. Que la mujer de Michael, Diane Keaton, no admita los métodos de la familia de su marido en "El padrino" constituye la distintiva linea entre una familia y la oportunidad estadounidense. En "Toro Salvaje" vemos a De Niro golpeándose una y otra vez contra la libre igualdad, contra los esquemas inamovibles, contra su condición de animal frente a los propios de la casa. Por eso comienza con un plano de las cuerdas del ring, donde un toro (el boxeador) se mueve con furia, bien controlado dentro del cuadrilátero. Y con mayor ironía y sutilidad, Sofía Coppola nos brinda toda su filmografía. En ella vemos a unos seres que aparentemente pertenecen al círculo indicado, pero que no comulgan con su posición. Se ven perdidos, anestesiados, translúcidos e inútiles. De ahí que sus vírgenes se suiciden, sus bellezas huyan y sus conversaciones transcurran en lugares tan solitarios y estériles. A esos anglosajones, blancos, protestantes se les denominó de un modo: WASP, y ya tenían el standard de validez, así como la contracultura en respuesta a esta estructura.

Wes Anderson pertenece a esta contracultura, donde todo encaje en el molde pero alguien se encarga de romper la armonía, donde todo podría funcionar pero hay demasiados impedimentos. Para ello suele utilizar elementos mágicos, estéticos, morales y políticos. Los más llamativos refieren a la forma: esos colores, esos clichés en las poses. Pero lo realmente edificante de su crítica es el discurso falsamente edulcorado, con personajes serios que resultan de lo más cómico. La doble visión de un planteamiento hace de sus películas un tablero de juego tan provocador como apto para el debate. Podríamos limitarlo a una sucesión de metáforas pero, de ser así, se formaría una alegoría tan brillante que asustaría a los más conservadores.

En Moonrise Kingdom vemos un scout terriblemente patoso, un estúpido policía, una madre harta de su vida, unos servicios sociales intransigentes por imperativo, una boda entre niños, unos pactos ridículos, unos prismáticos como instrumento para ver el mundo de otro modo, a Edward Norton, Tilda Swinton, Bill Murray, Bruce Willis, Harvey Keitel, una niña que parece Lana del Rey, un cuervo entre pájaros y un cuento en el que a todos nos gustaría vivir, pero que resulta imposible sostener. 

Moonrise Kingdom es una película divertida, con un claro discurso crítico. Pero si uno sólo quiere hora y media de entretenimiento, también puede disponer de ella. Mi recomendación: en todo caso, guárdenla en la memoria por si algún día surge una conversación digna.


Valoración: 7,5